
martes, 20 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Regresa amor.
Extraño tus caricias
En los contornos de mi cuerpo
La tibieza de tus dedos
Jugando sobre mi piel
Tus labios y besos ardientes
Que encendían mi sangre
Llevándome al delirio
¿Cómo los pude perder?...
Tu recuerdo me acaricia
Atrapa y envuelve mi alma y mi mente
Regresa por donde partiste
No quiero encontrar la muerte,
Mi caudal de amor te llama
Mi corazón no soporta
El estar latiendo en vano
Si tú a mí, no retornas.
Recuerdo nuestra primera vez
En la cabaña frente al mar
Acostados en la cama
Disfrutábamos tan solo con pensar
Fundir nuestros cuerpos ardientes
No era solo divagar.
Estabas sobre mí,
Haciéndome delirar
Besándonos en la boca,
Comenzamos a gozar
Los ¡te amo!... entre besos
Dichos sobre nuestras bocas
Encendían una furia loca
Llevándonos a temblar
Pronunciando nuestros nombres
Nuestros ojos,
Fueron una sola mirada
Con un total embeleso
Fundimos nuestros cuerpos
En un orgasmo sin final
Estrella Fugaz
Relato erótico
Suaves como la seda,
sus manos rozaron el cuerpo de ella, su vos profunda y seductora conmovió las
fibras de su cuerpo cuando dijo; ¡¡ven aquí, pequeña!!... su cuerpo comenzó a
hormiguear en sus partes más intimas, exhalando todo su aliento, trató de
disimular, pero él ya había descubierto el impacto que causaba en esa bella
niña mujer, acomodando sus dorados cabellos hacia atrás, sobre su espalda,
dejando ver más claramente su ruborizado rostro sintiéndose iluminado con su
cristalina mirada, hasta el alma.
Ella intentó retroceder pero dos brazos fuertes y vigorosos
la retuvieron, sus miradas hablaban por ellos, atracción, pasión, deseos con un
toque de amor reciente, suave e incontrolable.
Él guiado por sus deseos, con sus dedos deja deslizar el
bretel de raso rojo, dejándola con sus hombros descubiertos, el raso llegó
hasta el suelo, ella estaba inmóvil, casi hipnotizada, era su primer
experiencia, él comprendiendo la situación, fue cortés y caballero, sin dejar
de lado su seducción y apasionamiento.
Con su aliento rozaba la pequeña oreja de la niña, su mirada
verde mar, salvaje y deseosa de poseerla, realmente destellaba.
Era imposible retener los deseos que ese bello y apasionado
hombre despertaba en ella, encendiéndola hasta la última gota de su sangre
llevándola a abandonarse en sus brazos, dejándose guiar por la fuerza
avasallante de un amor que estaba naciendo y que ellos confundían con deseos.
La tomó en sus brazos, llevándola hacia la cama, el perfume
de almizcle inundaba toda la habitación, con mucha ternura llevó sus manos
hacia ese capullo con intención de llevarla a la gloria.
Mientras ella gozaba del momento, él acariciaba y separaba
con sus dedos los pétalos rosados inaugurando ese área de placer, ella gemía
mientras sus manitas se aferraban al cuerpo febril de ese hombre que tanto
deseaba, encorvó su cuerpo, sus bocas se besaban apasionadamente, mientras
introducía sus dedos más y más, hasta que algo le impidió avanzar.
Comprendió que debía llevarla hacia un orgasmo muy
lentamente, ella deseaba más y más, cuando sus dedos se humedecieron con un
fluido tibio que emergía del interior de ese cuerpo virgen y ardoroso, sin
quitar su mano de sobre ese capullo endurecido, junto al gemido placentero de
ella, en ese momento, quita su mano e introduce su miembro a punto de estallar,
en la vagina virgen, la cual estaba descubriendo el goce de una penetración
dulce y salvaje a la vez, su cuerpo cual volcán a punto de derramar lava
hirviendo.
Ella se movía en un dulce vaivén, encendiendo en llamaradas
el cuerpo varonil y musculoso de él, que cuidaba de no ser tan brusco en su
penetración, pues sabía que dolería y quería que ella gozara, pero no con
dolor, sino con placer
Así la penetró hasta la mitad de su miembro, luego la habitó
por completo, un grito escapó de esa boca, que él cubrió de besos, ella lloró,
gritó, gimió, descubriendo que el amor se había apoderado de su ser.
Sus pechos estaban muy tensos, se arqueó hasta dejarlos a la
altura de la boca de él, sin perder tiempo él los lamió y succionó hasta
dejarlos morados, ella con suaves movimientos, se los ofrecía una y otra vez,
llegando juntos al clímax total, quedando exhaustos
Así dormitaron por unos momentos, luego él se desliza
suavemente por la cama, dirigiéndose a otro cuarto donde había una tina, se
disponía a llenarla cuando escucha que ella pronunciaba su nombre, deja
cargando la tina, se acerca a la cama, la toma en sus brazos dirigiéndose hasta
la tina, se higienizan quitando las muestras de sangre de lo que había sido un
himen, ahora ella era totalmente suya.
Luego cubre su cuerpo con aceite de almendra, ella se
regocijaba de sentir sus manos deslizándose sobre su piel, esto la excita, da
un giro en la cama comenzando a acariciar su miembro, hasta dejarlo tenso
nuevamente, besando, lamiendo y saboreando esa cabeza de seda tan suave que
ahora le pertenecía.
El comprende que esa niña sería insaciable, eso lo hacía
rejuvenecer, sabiendo que debía responder y saciar de placer a esa fierecilla.
Estrella Fugaz
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